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Un mes en álbumes: febrero y la grandeza sonora de Julien Baker

La música siempre ha sido lo que nos ha mantenido cuerdos en los tiempos más complicados. Mis bandas de cabecera y aquellas que continuaron sacando discos a pesar de todo fueron las que me salvaron durante el confinamiento duro en la primavera del año pasado. Eso, junto con la motivación de poner en valor un álbum musical como concepto completo, como una pieza que requiere el trabajo de un buen número de personas, ha sido lo que me ha impulsado a iniciar este nuevo formato: un diario musical.

Este nuevo proyecto personal nace con la idea de escuchar un disco al día entero, sin saltar canciones y volcando toda mi atención en él. La música me acompaña en mi día a día casi constantemente, pero no siempre ocupa el primer plano, así que con esto quiero poner en ese primer plano a un disco (al menos) cada día. Igualmente también quiero plasmar en este diario los lanzamientos más interesante de cada mes, las canciones que no me he quitado de la cabeza en esos días… en definitiva, cualquier cosa que resulte de relevancia para hacer un retrato de ese mes a nivel musical. Y al final de cada uno, recapitularé por aquí, así como en mis redes sociales, cómo ha ido el mes.


En contra de la corriente de empezar los propósitos el 1 de enero, empecé esto el 1 de febrero y el mes se zanjó con 25 de 28 días en los que escuché una mezcla de discos bastante heterogénea: clásicos, actuales, recomendaciones, nuevos lanzamientos, reescuchas, reediciones… Vamos con lo que he escuchado este mes.

El calendario de febrero de mi “disco al día”

El disco que más he escuchado en febrero ha sido “A Black Mile to the Surface” de Manchester Orchestra, que ha sido el gran descubrimiento de estas semanas. Si bien llevaba un tiempo orbitando alrededor de esta banda (sus lazos con Julien Baker y Frightened Rabbit hacían que su nombre no me fuera desconocido), aún no me había decidido a escucharles. Pese a que también escuché en febrero su segundo disco, “Mean Everything to Nothing”, sin duda ha sido el anteriormente mencionado el que me ha acompañado todo el mes. Se trata de un disco con un ambiente envolvente que aúna canciones con cierta oscuridad, otras frescas y casi inocentes y otras más duras, todas atadas con un hilo conductor que nos deja casi con la sensación de haber visto una pieza cinematográfica.

Por otra parte, el más esperado de este mes ha sido el tercer álbum de Julien Baker, “Little Oblivions”, que salió a finales de febrero y va a dejar una buena huella. Los adelantos que pudimos escuchar desde finales de 2020 hicieron que a mi lista de mejores discos del año le añadiera el epílogo “y aún no ha salido, pero ya sé que el de Julien Baker va a ser mi disco favorito de 2021”. Aún falta año para saberlo, pero es posible que no me equivocara. En este disco, Julien Baker se decide por el formato banda para dotar a sus canciones de una nueva dimensión. Si en los dos discos anteriores (protagonistas de los días previos al lanzamiento) se acompañaba de capas de guitarra y un piano o violín esporádicos, ahora sus desgarradores versos están rodeados además de bajo, batería, efectos de voz, banjo, mandolina… Pero el mensaje no se pierde: tenemos la misma honestidad abrumadora de Baker pero rodeada de un buen colchón sonoro. Este disco, autoproducido e interpretado casi en su totalidad por ella misma, sin duda le abre muchos nuevos horizontes.

Y este mes marcaba el décimo aniversario de “Un Día en el Mundo”, el disco que catapultó a Vetusta Morla hasta lo que son a día de hoy, y que también marcó el inicio de la “independencia musical” de quien escribe estas líneas. Comparando este trabajo con su último (¿dos últimos? ¿uno y medio?) disco, la evolución es notable. Pero da igual cuántas veces escuche este disco porque siempre hay algo nuevo, algún detalle oculto que mis oídos encuentran (o parecen encontrar) por primera vez. Pero siempre me deja la misma sensación de grandeza y valentía.

Las pequeñas decepciones han venido de la mano de dos álbumes que se han estrenado este mismo mes. Me lancé a escuchar “Super Monsters”, el debut de Claud (la primera publicación de Saddest Factory Records, sello discográfico capitaneado por Phoebe Bridgers) y “Who Am I?”, el segundo largo de Pale Waves tras las buenas críticas en diversos medios, pero a mi parecer ambos discos se quedan a medio gas, con un par de canciones destacables pero con el regusto de algo que no termina de despegar. Quizá merezcan una segunda oportunidad, ya que a veces la música también depende del contexto y el momento en que la escuchemos.


Las canciones que no me he quitado de la cabeza en este mes las he agrupado en esta playlist de YouTube. Es un buen reflejo de los discos anteriormente comentados con algún extra añadido. Porque también merece la pena reservar un momento para los videoclips, como el stop-motion que acompaña a “Hardline” de Julien Baker, la atmósfera asfixiante del que retrata “What went down” de Foals (un grupo que siempre pone especial atención en sus vídeos) o el circo hastiado de “Fiera de mí“.


Así queda la primera entrada de esta sección dedicada a los discos que he escuchado este mes. En la segunda parte de este sumario mensual, que se publicará muy pronto, hablaré de los lanzamientos de febrero y otras novedades musicales interesantes.

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