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Espectro pop – Crónica 3ª Semifinal CreaMurcia Pop-Rock 2019

Atendiendo al panfleto con la distribución de grupos, la última noche de semifinales del CreaMurcia se atisbaba más ligera y pop que las anteriores. Sin embargo, hubo espacio para la intensidad y muchos matices diferencian a las 4 bandas que se subieron al escenario.

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Enana Roja por Lola López

Los primeros fueron Enana Roja, proyecto en desarrollo (a juzgar por la escasa duración de su repertorio, más corto del tiempo establecido) de Marcelo Criminal y Juana, vocalista de El Nuevo Acelerador. Valorando el contexto, quizá abrir la noche no fue lo mejor para Enana Roja y puede su propuesta se hubiera entendido mejor intercalada entre otros conciertos. Los dos solos sobre el escenario, en un extremo Marcelo lanza una base en cada tema para luego retirarse a un segundo plano, aportando unos coros cuando resultara necesario. En el otro lado, Juana canta y recita a partes iguales unas letras que parecen tener más miga de la que se aprecia. Al concluir su concierto resulta inevitable preguntarse si Pop-Rock es la categoría en la que mejor encajan, algo que ya es habitual plantearse en este certamen que contempla un espectro tan amplio de estilos y propuestas.

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Funicular por Lola López

Tras ellos llegó el turno de Funicular, una banda que sin duda destacó especialmente por el público totalmente entregado que llenó la sala para verles, dejando una estampa llamativa pero que lamentablemente les eclipsó durante buena parte del concierto. Sería imposible escuchar a este grupo sin pensar en Izal o en Viva Suecia, su propuesta tiene potencial y suenan bastante compactos sobre el escenario, aunque, por poner un pero, podrían beneficiarse de una pizca más de originalidad en el pop pegadizo de sus temas y algo más de nitidez en su sonido, que en ocasiones se amontonaba demasiado. Aun así, Funicular se defienden como una banda sólida a tener en cuenta.

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Decembird por Blanca Ruedas

El relato del concierto de Decembird, la tercera banda, recae sobre las palabras de Germán Old Coin.

Para metamorfosis la de Decembird, comenzaron algo tímidos el tercer grupo de esta última noche de semifinales, pero para soltarse la melena justo después. A pesar de ser sólo tres los componentes, Decembird tiene un sonido completo y contundente con poco que envidiar al resto de bandas que le superaban en número de integrantes. Aun siendo uno de los conciertos con más fuerza que hemos podido ver de este trío, no pueden evitar llenar el ambiente con ese aura nostálgica que consiguen independientemente a lo que quieran transmitir ellos. Siendo un grupo cuyas letras tienen mucho peso, nos gusta ver cómo no han dejado de lado la parte instrumental, tan necesaria como práctica. Estos chicos no juegan para ganar, pero también se nota que no están dispuestos a quedarse otro año más a las puertas del certamen, a medida que avanzaba el concierto y olvidaban la rigidez en las manos, la timidez en la voz y los nervios del directo, demostraron lo que son. Un grupo maduro, con un sonido propio, cuyas canciones son vivencias que no nacieron para quedarse en la sala de ensayo.

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Viva Honduras por Lola López

Cerraron la noche, y con ella las semifinales, Viva Honduras. Se notaba el escaso recorrido de esta banda, que presentó unos temas agradables de escuchar pero a los que aún les falta rodaje para explotar al máximo las posibilidades de la banda y trabajar más su directo, que terminó haciéndose algo monótono. El pop melodioso de sus temas quedaba algo deslucido con su puesta en escena dado que se les notaba nerviosos e inseguros sobre el escenario. En definitiva, un concierto que aunque no destacó especialmente resultó ameno y podría mejorar muy fácilmente con un poco más de experiencia de la banda.

La tercera y última tanda de bandas conformó una noche con un estilo bastante más homogéneo que las previas, lo cual puede que no beneficiara especialmente a cada grupo individualmente, aunque los 4 lograron defender adecuadamente lo que les diferencia.

Se cerraba así esta fase del certamen, 3 noches de semifinales que contaron con bastante afluencia de público y pudiendo disfrutar, como ya es costumbre, de bandas muy variadas en todos sus aspectos. Tras esto, llegaba e momento, para el jurado, de retirarse a deliberar y escoger sus 3 finalistas, y para el resto de asistentes y músicos, de hacer su apuesta al respecto.

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Empezó bien, pero fue demasiado breve – Crónica 2ª Semifinal CreaMurcia Pop-Rock 2019

La segunda noche de las semifinales del CreaMurcia tenía todas las papeletas para ser la más potente de las 3, sin embargo lo que empezó rompiendo moldes acabó transformándose en una noche anodina que terminó por hacerse cuesta arriba.

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Yaz Veh por Lola López

La sorpresa vino al principio con el concierto de Yaz Veh, una propuesta envuelta en el misterio y que superó todas las posibles expectativas que pudiera haber entre el público. Creo que no sería capaz de acertar ni una sola de las influencias de esta banda que suena como si Radiohead se volvieran traperos. La clave está precisamente en eso: suenan frescos e inclasificables, mezclando idiomas, sonidos y efectos dentro de los propios temas, captando reminiscencias de Thom Yorke, Nick Murphy o el propio Bon Iver cuando dan rienda suelta al armonizador de la voz, que usan con tanto acierto como el estadounidense. Nadie en Garaje Beat Club tiene la menor idea de lo que está pasando sobre el escenario, pero aun así nadie aparta la mirada de Yaz Veh. Ellos sienten lo que están tocando y la variedad de capas de sonido (sin caer en el batiburrillo) da al público gran diversidad de estímulos a los que atender en cada momento.

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Mez-K por Lola López

El relevo fue para Mez-K, una de las bandas de ska más reconocidas de la Región además de experimentada en el certamen. Los conciertos de Mez-K suelen ser sinónimo de buen ambiente, energía y mucha potencia sobre el escenario. Pese a que las primeras filas del concierto estaban tan entregadas como de costumbre, esta vez su directo tuvo más dificultades para calar en los menos seguidores del género, algo que no suelen tener problema en hacer. Mez-K es ese grupo que lo hace tan bien que da gusto escuchar aunque no sea tu estilo. Sin embargo, en esta ocasión parecían más tensos, posiblemente debido a los ajustes que tuvieron que hacer a las canciones ya que uno de sus guitarristas no pudo tocar debido a una lesión.

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Planeta Tortuga por Lola López

La tercera banda en tocar fue Planeta Tortuga, un nombre que resonará en la mente de todo aquel familiarizado con el certamen y este ha sido finalmente el año en el que hemos podido ver su directo. Es innegable que suenan redondos, pero su sonido azucarado termina por hacerse tedioso. Se trata de un pop comercial canónico, con canciones pensadas para que el público coree los estribillos (lo cual consiguen hacer), cíclicas y pegajosas con versos que parecen repetirse en todos los temas. A mi lado oigo decir que suenan como la intro de una serie de Disney Channel, mientras que por otro lado, alguien me insiste en los peligros de la democratización de la música con la mirada clavada en el escenario.

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In-Pulses por Lola López

El último concierto de la noche fue el de In-Pulses, que consiguió el segundo puesto en el certamen en el año 2017. En esa ocasión vimos a una banda más orgánica sobre el escenario, pero en estos dos años la formación de In-Pulses ha dado un giro de integrantes y enfoque. Actualmente, buena parte de su directo depende de un ordenador, factor que pudo ser el causante del mal sonido que les acompañó durante su media hora de concierto. A pesar de que su música pretende ser electrónica y bailable, a ellos no se les termina de ver cómodos sobre el escenario. Se entrevé el posible potencial de las canciones pero su sonido es confuso y eso hace que su gran apuesta por el aspecto visual del concierto quede algo coja sin un contenido musical a su misma altura. Al final de su concierto nos queda la sensación de que su propuesta quizá es demasiado ambiciosa para lo que son capaces de trasladar a la práctica al día de hoy.

Por tanto, a lo largo de la segunda noche de semifinales fueron desinflándose poco a poco las expectativas que estaban puestas en estas bandas y que el primer grupo de la noche sí consiguió mantener arriba. La atención recaía a partir de ese momento en las 4 bandas que aún quedaban por defenderse en directo en la tercera y última noche.

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Un buen comienzo – Crónica 1ª Semifinal CreaMurcia 2019

Un año más estamos en la sala Garaje Beat Club de Murcia, una de las más queridas por los músicos murcianos y una de las mejores para disfrutar de un concierto, únicamente desmerecida por su ubicación ya en la periferia de la capital, para presenciar las rondas de semifinales del CreaMurcia Pop-Rock 2019.

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The Wrong Way por Lola López

Que abran la noche los jovencísimos The Wrong Way es sin duda un acierto para arrancar las semifinales del CreaMurcia. Su concierto es una buena muestra del potencial y el talento joven: se les oía comentar antes de subir al escenario que además de ser la primera vez que se presentaban al certamen, este era su primer concierto en una sala de la ciudad. Lejos de amedrentarse, fueron dejando de lado los nervios iniciales y quedó claro que su intención es que nos acordemos de sus nombres tras esta noche. Por supuesto, su juventud no se nota solo en su cara y si bien es verdad que sus canciones aún necesitan algo de madurez y encontrar un sonido más propio, eso no deja de ser algo que únicamente se consigue con tiempo y experiencia. Un conjunto de vientos termina de dar redondez y rollo a una base de ska-rock ya de por sí bastante sólida formada por bajo, guitarra y batería. Aunque sus letras tienen un tono muy reivindicativo, el mensaje que mejor transmiten es que se lo pasan estupendamente tocando y que su concepto de concierto va ligado al de espectáculo: no es fácil tener que romper el hielo y se notó perfectamente que habían preparado al detalle la interacción con el público. Tras todo esto, no tengo problema en afirmar que a más de una banda ya consolidada actualmente le habría gustado sonar así de bien a la edad de The Wrong Way.

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Old Coin por Lola López

Tras una breve pausa, llegó el momento de ver, por fin, a la formación completa de Old Coin sobre el escenario del CreaMurcia, algo que esperaba desde el concierto en formato reducido con el que se defendieron en el certamen hace dos años. La iluminación les acompaña a la perfección durante su media hora de concierto. Parece que el técnico de luces de la sala también está dentro de la atmósfera que crean Old Coin y hace maravillas acompañándola con el aspecto visual en el momento, dado que no es algo que trajeran preparado. Si aislásemos a cada uno de los integrantes de Old Coin, jamás podría pensarse que forman un grupo que suena tan bien. Cada músico parece sacado de un escenario diferente y aun así se sincronizan perfectamente sobre el escenario, respetando los espacios y momentos de cada uno. Si fuera necesario, podríamos encuadrar sus canciones dentro del rock progresivo o sinfónico, pero parece que este es uno de esos grupos que no se preocupan por esas cosas. Aunque los nervios les traicionen entre canción y canción, esta noche Old Coin han dado un concierto impecable.

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Farfett por Lola López

Una propuesta bastante diferente e inesperada fue la de Farfett. Se trata del proyecto, al parecer en solitario, de la cantante Lola Barberán, más conocida por este sobrenombre que significa “mariposa” en maltés. Siempre con la presencia de una buena voz, las canciones viraban en estilo, teniendo en ocasiones un sonido más pop pero acercándose en otras a sonidos bastante jazzeros. Las primeras filas de un público más bien tímido acabaron la noche bailando con sus temas, pero el único fallo de Farfett reside en la falta de estímulo visual: al llevar las bases instrumentales grabadas, no hay banda sobre el escenario y el concierto acabó cayendo ligeramente en la monotonía aun con el tono animado de las canciones.

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Austin Slack por Lola López

El último nombre de la noche es Austin Slack. Se trata del músico con más experiencia de la tanda y eso, como era de esperar, se nota en su sonido. Son la formación más sólida de las que ha pasado esta noche por el escenario y todos los músicos dominan su instrumento. En directo, Austin Slack no desmerece a la fama que le precede como guitarrista, aun así el concierto resultó algo impersonal tanto entre los músicos como en los temas. La falta de un sonido propio es lo que le falta a este joven músico para complementar su virtuosismo.

Finaliza así la primera tanda de semifinalistas, que nos han dejado una noche en general muy positiva, con diversidad de estilos, propuestas y edades, una mezcla que es ya el sello distintivo de este certamen.

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De extremo a extremo – Crónica 3ª Semifinal CreaMurcia 2018

El sábado fue la última noche de semifinales del CreaMurcia pop rock. Una Murcia lluviosa recibió a las cuatro bandas que se subirían al escenario de la Garaje Beat Club (esta vez no hubo grupo invitado abriendo la jornada) y los nervios por ver las últimas propuestas seleccionadas estaban en el aire.

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Manopla de Monoindio por Lola López

Manopla de Monoindio son los primeros en tocar. En el escenario les acompaña un perro de peluche enorme que acabaría por los aires con el último tema de su repertorio. Su sonido va más por el sendero de lo acústico y lo orgánico, aunque acaban resultando más y más inclasificables conforme van lanzando temas. Si bien al principio creaban una atmósfera controlada (pero no aburrida), el tono de su concierto acaba en frenesí. La originalidad es su mayor baza: cuentan con un arsenal de elementos llamativos para hacer música (una melódica, juegos de voces, un trozo de metacrilato cimbreante…). Toda una performance.

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Decembird por Manuel Romero

Llegaba el turno de que subiera Decembird al escenario y, por tanto, de dejar la fotografía y la redacción en manos de Manuel y Chechu respectivamente. Saltaban al escenario, tímidos, casi escondidos tras sus flequillos. Escuchamos casi íntegramente las canciones publicadas en su disco “Nada Grave”, pero estas suenan mucho más contundentes en directo, aun siendo solo tres y sin contar con la posibilidad de grabar capas que permite el estudio. Si por la vista nos tuviera que entrar el espectáculo que estamos presenciando, resultaría un poco pobre en cuando a dinamismo sobre las tablas, suponemos que a causa de los palpables nervios que atenazan a los componentes del grupo hasta bien avanzado el setlist. Sin embargo, esto es un concurso de bandas donde debería primar la parte auditiva y este sí es el fuerte de Decembird.

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WAW por Lola López

Una propuesta totalmente opuesta a la anterior es la que nos ofrecía WAW, ya lo demostraron en las semifinales del año pasado. Canciones cortas y directas, transmisoras de la locura que les caracteriza sobre el escenario. Puede ser que fuera debido a que ya no contaban con el factor sorpresa que sí jugó en su favor el pasado año, pero no consiguen transmitir la misma frescura. Sin embargo, resulta un concierto entretenido y correcto igualmente, llamativo no sólo por sus temas, sino por su indumentaria, y es que WAW es un grupo que juega mucho con su imagen y la cuida más de lo que puede parecer a primera vista.

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Sí Quiero por Lola López

La última banda en tocar fue Sí Quiero, una incorporación de última hora debido a que World of Gaia no pudieron tocar. Parece justo comenzar diciendo que es posible que las condiciones que tuvo este grupo para tocar no fueron las que más le habrían favorecido. Pasada ya la medianoche, su propuesta no se encontró con un público muy receptivo. A esto se suma que su ¿trap? ¿rap? ocuparía, sin duda, un mejor puesto en la categoría de Otras Tendencias. Pese a todo, sobre el escenario se les veía motivados y defendieron sus temas con la misma presencia que el resto de bandas seleccionadas.

Finaliza así la ronda de semifinales del certamen. Según leeríamos más adelante, esa noche el jurado se pasó cerca de hora y media deliberando el nombre de las 3 bandas (más la suplente) que pasarían a la final. Cerca de 40 bandas se inscribieron este año en el certamen y desde aquí queremos dar nuestra enhorabuena, más allá de los gustos personales de quien escribe estas líneas, a las 12 bandas seleccionadas que defendieron su propuesta en la sala Garaje. Como es habitual en el concurso, los conciertos han estado caracterizados por el abrazo a todos los estilos (una heterogeneidad especialmente presente en esta tercera noche) y este año ha primado de manera excepcional el respeto a la música en unas jornadas que hemos podido vivir desde bien dentro.

 

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Madurez, frescura y un toque de lo de siempre – Crónica 2ª Semifinal CreaMurcia 2018

Tras haber visto la noche anterior los conciertos de The New System, Hora Punta, El Mono a Cero, In-Pulses y Mez-K, el viernes era el turno de la segunda semifinal del CreaMurcia pop-rock.

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Atientas por Lola López

La noche apuntaba a ser potente, sin embargo se podían contar con los dedos de las manos las personas que se han acercado a la sala a las nueve y media de la noche del viernes. La afluencia de gente iría en aumento conforme desfilaran por el escenario las bandas, pero a Atientas, la banda invitada de la noche, le tocó defender su repertorio en estas condiciones. El sonido de la sala parece deslucir su directo y tienen un velo de ruido que les hace sonar confusos, pero nos llegan sus intenciones: un pop limpio y agradable al oído, pegadizo y actual (es inevitable que nos vengan a la mente nombres como Supersubmarina o Izal), pero en el cual se hace complicado mantener la atención durante todos los temas sin que se acaben haciendo ligeramente monótonos.

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The Meatpies por Lola López

La primera banda semifinalista en tocar fueron The Meatpies, otros veteranos del certamen que no se dan por vencidos: consiguieron el segundo lugar en la final de 2016 y siguen peleando por conseguir el primer puesto. Parece que el tiempo no pasa por su sonido: el color de sus temas, incluso de los más recientes, sigue enmarcado en el rock clásico y en un sonido que rápidamente nos lleva a los Beatles, lo que ha sido su sello de identidad dentro del circuito local (en el cual tienen ya hecho un hueco). Pese a los problemas técnicos que sufren al comienzo del concierto, van cuesta arriba y aunque se echa en falta algún toque innovador en sus canciones, la segunda mitad de su setlist suena algo más enérgica.

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Pájara Rey por Lola López

Les sigue Pájara Rey, una banda que comienza a hacerse su hueco en el espacio musical local. Sus temas tienen un sonido punk sin complejos, fresco. Su repertorio no se hace pesado ni denso a los oídos, ni siquiera a los que no acostumbran a escuchar este tipo de música. Sus canciones despiertan la curiosidad del público, que llena ahora más la sala, con cada verso que sale de la boca de la cantante, y cuanta más rabia llevan sus palabras, mejor. Se trata de una banda con una baza muy potente a su favor: la potente actitud que impregna por igual a los miembros y a sus temas.

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New Ways por Lola López

New Ways son la siguiente banda en subirse al escenario. El año pasado consiguieron el tercer puesto en la final del certamen y su rock alternativo llena ahora la sala. Es destacable lo mucho que ha evolucionado esta banda en un periodo tan corto de tiempo. Su sonido ha madurado mucho desde la primera vez que les vimos tocar, ahora sus temas son mucho más ricos en detalles, más pulidos y con atmósferas propias. Se les nota con mucha más seguridad tocando. Consiguen defender muy bien sus temas y su concierto no defrauda a los asistentes, que salen de la sala entre concierto y concierto comentando el buen sonido que desprendían.

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Crows as Shepherds por Lola López

Cierran la noche Crows as Shepherds, la banda de estilo más duro de las seleccionadas. Si algo hemos aprendido en estos 3 años de acudir a las semifinales, es que siempre colocan las propuestas más duras en el último puesto, cosa que hace un flaco favor al sonido de estas bandas. Los aficionados al género que me rodean parecen estar satisfechos con su puesta en escena y sus canciones. Potencia y motivación sobre el escenario tienen de sobra, eso es innegable. Sin embargo, y sin ser una experta en este campo, parece echarse en falta algo de novedad en su sonido, algo que les termine de hacer destacar entre todas las bandas que hay en este género.

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La fábula del gato, la vieja y su hipnótico Boogie-woogie

Dos opciones se planteban en la noche del pasado viernes 23 de Marzo. Por un lado, Mujeres nos invitaban a acudir a la Yeseria. Por otro, Guadalupe Plata nos esperaban en Sala REM.

Con el tiempo justo. Tarde, de hecho. Llegamos a Sala REM con la certeza de haber obrado bien al escoger la segunda opción. Antes de entrar suena ya la primera canción,  y una convicción se asienta en mi cabeza; nunca antes (en mi presencia) nadie ha logrado moldear el espíritu de la sala de una forma tan carismática y evidente como lo hacen los inquilinos que la habitan en esta singular velada. Pues, el habitualmente sobrio recibidor que conecta el exterior con la zona de conciertos ya no es tal, ha mutado. Las paredes metálicas han tornado en estriados muros de piedra, compactos y de tono ocre. De aquella puerta acristalada que todos recordamos, sólo queda un socavón angosto. A partir del cual, se desprende una línea irregular, casi serpenteante, de escalones, roídos a causa de la humedad y su tenaz acometida en el tan escabroso como ilusorio piso inferior. Culminados dichos peldaños en una oquedad que introduce un espacio amplio, de suelo pedregoso, y salpicado de leves fisuras que se dilatan al son del repique de baquetas en Lorena. Las hileras de antorchas a los costados proporcionan una iluminación tenue y vacilante, mientras una nube etérea, desprendida de las mismas, aromatiza la escena.

Quizá pueda parecer que estoy divagando de manera alarmante y todo esto esté fuera de contexto. Pero, si me enredo en esta fantasiosa recreación, es porque el trance resulta ser un pilar determinante en la actuación de la formación sevillana. Puesto que, una de las más codiciadas virtudes en la escena musical, presente en altas dosis durante la noche del viernes, es la capacidad para evocar y expandir la psique del espectador, como si de un opiáceo se tratase. La hazaña reside en lograr intervenir en el entramado sináptico del individuo para estimular quijotescas respuestas mentales, mediante técnicas similares a la hipnosis. Aunque, en este caso, el objeto pendular fuese sustituido por los quejidos ahogados de guitarra que envuelven y propagan su sonido. En definitiva, conseguir que el susodicho cuestione todo aquello que percibe a través de la vista, que abandone por un momento el razonamiento lógico y lineal, para así deambular por sinuosas carreteras en sensoriales travesías trazadas por el compás frenético de un rudimentario bajo (una cuerda y un mástil conforman el artefacto). Precisamente, uno de los caracteres de la banda andaluza que más atracción despierta en mí, y resulta más ostensible en el directo, es la estrecha relación que mantienen con lo subterráneo (de ahí el símil inicial). Su peculiar filia hacia el pantanoso universo de sombras, de entrañas y visceralidad, en el que no hay cabida para la deducción racional. Resulta harto interesante. Aunque éste no es perceptible con la mirada cegada de la superficie, ya que la pupila requiere de un periodo de acoplamiento. De modo que, este vínculo deriva en una estética umbría y ligada al negro. Por ello, encontramos numerosas referencias explicitas a “ratas”, “tumbas”, “huesos” o “muerte” en temas como Serpientes negras, Rata o Tengo al diablo en el cuerpo.

Tras la interpretación de Miedo, reafirmo para mis adentros lo dicho previamente, ya que refleja a la perfección todo este simbolismo, representa la caverna, las cloacas.

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En el centro, arrastrando de manera contenida las plantas de los pies sobre el abrupto terreno, se reune una multitud considerable de personas cuyos cuerpos trazan un balanceo irreflexivo propio de ánimas errantes, atraídas por el tétrico y sombrío ambiente que les proporciona cobijo. Pues es entre la penumbra donde encuentran ese sentimiento de pertenencia que tan remoto y ajeno les resulta en la superficie, donde deambulan desprendidos de temores e inseguridades a pesar de sus reticencias iniciales. Sí, son “raros”, somos “raros”. ¿Quién en su sano juicio optaría por invertir el primer viernes de Primavera recluido en una atmósfera semejante? En la pregunta se halla respuesta. Únicamente alguien que se encuentra Preso. Preso de ese submundo de pasadizos y grutas que rodea al conjunto de Úbeda, preso del aullido de guitarra final de dicha canción, preso de las coléricas bases de cristal golpeado contra acero en Navajazo, preso del aroma árabe de Nido de Avispas, preso, en definitiva, de la capacidad asociativa con la que la banda sevillana hilvana conceptos con patrones sonoros.

“Pero, ¿Esos qué tocan? ¿Qué género es?”. No lo sé, sinceramente. Guadalupe Plata representa un vínculo, es un nexo que conecta blues y rock y los pone a danzar un boogie hasta fundirse en un abrazo férrico. Un sonido que acopla el clasicismo y lo castizo con la vanguardia, la fusión y la improvisación. El fulgor del metal dorado con la banalidad de la chatarra. Guadalupe tiene un aroma western embriagador, unos atractivos matices folclóricos y un suculento gusto a barrica Gran Reserva que deja poso. Sin duda, todo este brebaje ha adquirido mayor valor cualitativo con el paso del tiempo y de los LPs. De esta forma, su último disco (2017) posee un carácter minimalista, desprendido de varias capas de ornamentación, en el que los golpes no son tan ostentosos pero sí igual o más certeros que en anteriores entregas.

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Por ello, los excéntricos errantes decidimos recibir a la Primavera en torno a un pedestal rocoso, sobre el que se esbozan tres siluetas de contorno antropomorfo con sendos instrumentos adheridos a ellas. La batería se ha consolidado como referente, esa es la única verdad absoluta que impera en aquél lugar, una máxima que todo presente asume cual Real Decreto. Comienza “Calle 24”. Y, de nuevo, sin percatarme, aquella estructura cúbica ha dado paso a un espacio cóncavo de techos abovedados de los que se desprenden punzantes estalactitas que penden del mismo. Entre ellas se intuyen una serie de trazos de intensa tonalidad rojiza, como si de pinturas rupestres se tratase. Tres figuras plasmadas: Una vieja, un gato y un zapato protagonizan una persecución al más puro estilo Tom y Jerry, cada uno de sus pasos va acompasado de un golpe fluido de maraca y un oxidado y afilado punteo, zurcido todo con sutileza felina. Tal y como lo cuento, sucede. En mi cabeza. Pues los ojos ya no son aliados, sino obstáculo.

Por lo general, el ambiente de la noche se podría describir en dos canciones. Los primeros compases de la actuación se asemejan más a la dinámica de Tan solo, una elegía que arranca con  solemnidad fúnebre, marcada por pronunciadas permutas de cadencias que se suceden en progresión canina. Mientras que, transcurrido el primer cuarto de hora de la misma, se desata El Boogie de la Muerte, vigoroso e infeccioso, liberando un crescendo de rodillas locas y un sinfín de arcos esbozados por caderas en movimiento pendular. “Pobre Marie, no baila el boogie, no”. Este, a priori, lamento cargado de condescendencia ha servido de aliciente. En este momento, lo último que desea cualquier presente es convertirse en Marie. De modo que, enlazando temas como Pollo podrio o Baby me vuelves loco, aquellos pies, plomizos y sumidos en el letargo, cohibidos e inmóviles por las llagas del feroz mundo exterior, han logrado desprenderse del dolor y elevarse ante la eléctrica llamada del rock.