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¿La Plata? Sí, por supuesto

El pasado viernes 8 de febrero me acerqué a la REM a ver a La Plata. Reconozco que fui al concierto por salir un viernes por la noche y hacer algo con un amigo. He de admitir que conocí a La Plata en el pasado Warm Up y admito también que fui al concierto del sábado para comprobar si lo que vi en ese Warm Up era sólido o fue fruto del pad thai de la cena y la necesidad que tenía ese fin de semana de mayo de ver algo esperanzador. Aclaradas estas premisas, confieso también que la puesta en escena de los valencianos supera con creces todas las expectativas que había puestas en ellos.

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Sobre el escenario se les ve confiados pero cautelosos, como si fueran plenamente conscientes que, si juegan bien sus cartas, sus canciones pueden tener un efecto demoledor (metafórica y casi literalmente) en la sala. Son buenos con su instrumento (las líneas de bajo de La Plata deberían reivindicarse mucho más a menudo) y sobre el escenario tienen esa mezcla de buen rollo y concentración que hace que un concierto vaya rodado.

Los que conozcáis la REM sabréis que hay una columna disfrazada de ascensor desafortunadamente colocada en el centro de la pista. Tomando esto como punto de referencia, desde dicho ascensor hacia delante el público de la sala (bastante abundante y heterogéneo) se transformó en un remolino, por decirlo sutilmente, durante casi la totalidad del concierto. “Fracaso”, “Tu cama” o “Miedo” hicieron que saltara por los aires toda la energía y la expectación acumuladas en las dos horas previas, lo cual había sido obra de Sierra y Airon Jazz Quartet Band Trio.

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Semejante exaltación tuvo descanso únicamente en dos ocasiones. La primera de ellas, cuando soltaron “Me voy”, que fue otro punto álgido pero esta vez no de rabia, sino de sentimiento. Entre el público, los mismos que hace 3 minutos saltaban unos contra otros, ahora gritaban que se iban y que lo sentían con un nudo en la garganta.

El otro remanso de paz del concierto ocurrió cuando La Plata decidieron regalarnos un buen compendio de temas nuevos. Tras la valiente propuesta de abrir el setlist con una canción aún desconocida pudimos escuchar varias de estas novedades a lo largo de la noche, momentos en los que los espectadores nos dedicamos a mirar atentamente hacia el escenario tratando de retener todo lo posible, para intentar así adivinar por dónde irán los tiros de los valencianos en su próximo trabajo. Por el momento, he de decir que lo que pudimos escuchar en la REM hace unos días sonaba muy bien. Según parece, todo apunta a que en abril tendremos nuevo álbum.

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El pasado viernes vimos un directo de esos que borran todas aquellas cosas que se han convertido en rutina, todo aquello que tienes tan interiorizado que ya no eres consciente de que te llena de hastío y aburrimiento. El de La Plata es un directo de los que hay que ver cuando necesitas acabar bien una semana mediocre, que su explosión se lleve todo lo que te ha desesperado durante estos últimos días, semanas o meses.

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(Crónica) Low Festival 2018: intensidad y pasión cierran la relajada jornada del domingo

Tras una primera jornada abrazando el underground del escenario Jagermusic y un sábado marcado por la veteranía de grupos nacionales, afrontábamos la última jornada del festival como la más relajada (algo realmente habitual en el festival). Pero aún así, nos encontramos con conciertos cargados de energía.

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Comenzamos la jornada, de nuevo, a primera hora. La razón la merecía, los norteamericanos Woods llegaban al Low Festival (con algo de retraso) a dar un concierto para fans, que no fueron pocos. Comenzaron con canciones de su último trabajo, publicado conjuntamente con Dungen bajo el nombre de ‘Myths 003’, pero no tardarían en ir dejando los primeros hits: ‘Sun City Creeps’, ‘Lost in a Crowd’, o la misteriosa ‘The Take’, que alargarían con un éxtasis instrumental final dejando clara que la esencia Woods es la combinación de folk americano con psicodelia pop. Y tras ello, el fin esperado con ‘Cali in a Cup’ y ‘Moving to the Left’.

Tras la joven banda de Brooklyn tocaba ver la ración de nostalgia que el Low Festival 2018 nos tenía preparado: el concierto conjunto entre Santiago Auserón (ex Radio Futura, también conocido por Juan Perro) y Sexy Sadie. Ideal para gente de la franja de edad más mayor del festival, a los más jóvenes nos hizo disfrutar de la misma manera, puesto que, además de vertebrar el concierto en una sucesión ininterrumpida de buenos temas como ‘Flor Negra’ o ‘A Scratch in my Skin’, pudimos disfrutar de grandes hits de la música española como ‘Escuela de calor’ (que vimos mientras entrábamos al escenario) o ‘Veneno en la piel’.

Tras la sesión de nostalgia tocaba el golferío de uno de los grupos fetiches de quien escribe estas líneas y de este blog: nuestros paisanos Perro trajeron al Low Festival su gira presentación de ‘Trópico Lumpen’, que ya pudimos disfrutar en la Sala REM pero que en esta ocasión nos proponía como novedad el poder disfrutar de unos audiovisuales que sin duda no dejarían indiferente a nadie. Comenzaron, por tanto, con una advertencia sobre ellos y con una sucesión de temas contenidos en ese último trabajo, como son ‘Por mi, lo que veáis’ o ‘Pickle Rick’. Siguieron caldeando el ambiente con temas más antiguos como ‘Ediciones Reptiliano’, ‘Camiseta’ o ‘Catán’ (una de las mejores canciones para quedarse afónico que se han escrito nunca) hasta llegar el punto de inflexión: la instrumental ‘Disco mascota’ marcó el acelerón de un concierto que, seguidamente, se convertiría para nosotros en un pogo constante, sobresaliendo, como es habitual, ese ‘Marlotina’ que acabó con un mensaje coreado y repetido por los más hooligans: “odio eterno al fútbol moderno” (y bueno, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra, que se dice).

Tras el torbellino de Perro tocó coger fuerzas, razón por la cual decidimos tomarnos el resto de festival con tranquilidad. Comenzando por Niños Mutantes, quienes con temas como ‘Hermana mía’, ‘Pura vida’, el hit ‘Herrante’ o el cierre con ‘Todo va a cambiar’ dejaron claro que su indie pop, además de tener algo especial que les hace destacar por  encima de los grupos imperantes actualmente en los carteles de festivales, en estos 20 años se han mantenido fieles a lo que son, pese a todo, y mostrando que más vale ser que aparentar. Pese a que nos acercamos a disfrutar de la genial ejecución del concierto de Editors, el no ser seguidores de la banda sólo nos deja remarcar ‘Formaldehyde’ y la habitual sobriedad del grupo.

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Aunque a menudo se nos pueda olvidar, hay un grupo en nuestro país que es sinónimo de pasión sobre el escenario. Se trata de los burgaleses La Maravillosa Orquesta del Alcohol, que presentaba en el Low Festival 2018 su último disco: ‘Salvavida (de las balas perdidas).  Y con dos de los mejores  cortes de dicho disco comenzaron: ‘Una canción para no decir te quiero’ y ‘O naufragar’. Si algo es innegable de La MODA es la capacidad de transmitir la comentada pasión de su directo al público, y si en algo se constata claramente es en esa gran canción que es ‘PRMVR’ y la fuerza de sus versos en euskera o en los coros de ‘1932’. Sin la mejor opción fue la de cerrar el festival con la sucesión de temas que cerró el concierto del grupo natural de Burgos: desde el éxtasis de ‘Hay un fuego’, hasta el broche final con ‘Héroes del sábado’ sin dejar de lado la intepretación de ‘Nómadas’. 

 

 

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(Crónica) Low Festival 2018: Bendito imán el del escenario Jägermusic la primera jornada

Hace más de una semana que tuvo lugar el Low Festival 2018 en la ciudad de Benidorm, un evento que se ha convertido en una de nuestras citas imprescindibles del verano. A lo largo de esta semana os vamos a ir dejando nuestras impresiones sobre el que fue el 10º aniversario del festival.

Tras una calurosa llegada al camping y un apresurado asentamiento, nos dispusimos a comprobar el ambiente de la jornada inaugural. Conforme avanzamos por el paseo marítimo de la ciudad alicantina nos percatamos de que el plato fuerte de la noche había comenzado, definitivamente el tempranero horario de Joe Crepúsculo fue una decepción.

A pesar de llegar a mitad del espectáculo, constatamos la capacidad del barcelonés para generar y liderar verbenas allá por donde pasa. Como si de un poder sobrenatural se tratase, todo lo que toca se convierte en ritmo y dinamismo. Porque dentro de su extensa discografía todos guardamos con gran devoción nuestra propia “canción del verano, canción de nuestra vida”. Esa nostalgia y sentimentalismo en combinación con las cadencias explosivas de “Mi fábrica de baile” o “Pisciburguer” forjan su esencia musical, a priori ruda o facilona pero cargada de gran calado emocional. Personalmente, el momento cumbre fue cuando un son industrial presumía el comienzo de “La verdad”, imposible permanecer inmóvil ante tal chabacana amalgama de ruidos y repiqueteos.

A continuación esperaban los belgas Vive La Fete. Con una puesta en escena titubeante,
el transcurso de los minutos ganaron en solvencia y aceptación de los allí presentes. Su
sonido basculante entre el synthpop y la electrónica con ese tinte hortera que fomenta la
desinhibición. Un agradable concierto, sin épica pero con garantías. Por último, los dj´s
culminaron la noche con una secuencia de clásicos atemporales los cuales tuvieron una
gran acogida popular.

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El grueso del Low Festival empezó al día siguiente, el viernes día 26, a primera hora de la tarde. Directamente desde tierras norteñas, el grupo Melenas fueron las encargadas de abrir el escenario Jagermusic, que sería nuestro hogar casi durante toda la jornada. Las pamplonicas tienen una única referencia discográfica, su disco homónimo, del cual nos interpretaron a la perfección temas como ‘Tú me haces lo mismo’, ‘Mentiras&’ o ‘Cartel de neón’, dejando claro que si algo no les falta es actitud sobre el escenario. Sin duda, ese es el complemento idóneo para su garage pop, con lo que consiguieron dejar en un segundo plano algunos detalles como lo amateur de su baterista.

Tras el concierto del grupo de Navarra, decidimos reconocer el terreno y observar como Joana Serrat daba un concierto peligrosamente minimalista, aunque sin duda, su acompañamiento con una destacable banda con músicos como Pau Vallvé es un gran acierto para mantenerse en esa fina e interesante linea entre la potencia y el minimalismo. Tras ella, abría el escenario grande Christina Rosenvinge, de quien aún no nos explicamos tanta repercusión, pues más allá (y de nuevo) de acompañarse de una banda potente y virtuosa, la madrileña no suponía ningún atractivo, principalmente por su discutible voz. Tras eso, decidí volver a donde sucede la magia, a ver que nos deparaba de nuevo el escenario Jagermusic. Los valencianos Old Cherry Pie presentaron un set a medio camino entre el folk y el grunge que aún no sabemos cómo calificar. Sin duda, una propuesta, cuanto menos, novedosa.

Aprovechamos para coger fuerza para lo que se nos vendría encima al rato: ante la pérdida del avión por parte de Mujeres, La Plata se vió obligado a adelantar su concierto y reemplazar al trío. Los valencianos estuvieron a la altura de las expectativas, a pesar del inesperado cambio de hora, desplegaron todas las cualidades que les han llevado a convertirse en uno de los grupos más codiciados del momento. No faltó potencia, rabia ni desprecio en “Esta Ciudad”. Tampoco se obviaron la dinámica ascendente ni la resignación que impregnan a “Me Voy”. Como no podía ser de otra forma, “Un atasco” fue un clamor. El primer single y buque insignia de la banda desencadenó el frenesí que se materializó en el pogo de mayores dimensiones. En definitiva, los continuos cambios de intensidad y su extraña armonía actuaron como un afilado puñal durante toda la actuación, como quedó reflejado en “Miedo”.

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El hecho de asistir a La Plata únicamente nos permitió disfrutar de aproximadamente veinte minutos de Iván Ferreiro, ¡pero qué veinte minutos! Llegamos en el momento de éxtasis general, con el inicio de “Turnedo” reverberó una exclamación al unísono, uno de esos momentos en los que la repetición no disminuye la emoción. “El equilibrio es imposible”, “El dormilón” y “Como conocí a vuestra madre” proporcionaron el contraste entre la melancólica época Piratas y su repertorio más actual.

Tras el derroche de rabia en los catalanes, el escenario Matusalem congregaba al grueso del público para ver a uno de los platos fuertes del festival y del día: León Benavente. Sin ser el grupo de Abraham Boba santo de mi devoción (al menos tras una serie de directos bastante planos), en el Low Festival hubo una tregua/reconciliación. Sin destacar por un set muy novedoso (la última referencia, el EP ‘En la Selva’ tiene ya año y medio), comenzar con ‘Tipo D’ y ‘La Ribera’ es empezar el concierto por todo lo alto. Con la garra que realmente siempre les ha caracterizado, nos escupieron temas como ‘La vida herrando’, aquel primer hit que fue ‘Ánimo Valiente’ y su última gran canción: ‘Gloria’, que sería la última que veríamos, pues la llamada Jagermusic volvía a congregarnos en ese pequeño escenario.

La llamada venía a mitad de camino entre Murcia y Valencia: la psicodelia de Alien Tango ya estaba preparada, pese a las amenazas con “hacer un Massive Attack” (término que habría que estudiar incorporarla al argot festivalero) ante el cruce de sonido con el concierto anteriormente relatado. Más allá de eso, el concierto de los valencianos quedó en poco más que los grandes hits ‘Honey’ o ‘Sexy Time’: tal vez por su juventud, la excesiva pose de los integrantes del grupo acababa por hacer tedioso la sucesión de temas, con transiciones inexistentes y basadas en soltar una serie de comentarios inconexos y sin sentido. Lo musical lo tienen (y de sobra), pero la actitud, de momento, les falla.

Aunque fuera la mitad del set (y tampoco hasta su final), nos acercamos al gran nombre del festival: los franceses Phoenix. Sin llegar a meternos de lleno en el concierto, lo primero y más llamativo del show fueron unos visuales muy cuidados, que dejaron a todo el festival con la boca abierta. Pudimos disfrutar de la perfecta ejecución de temas como ‘Lisztomania’ o ‘Trying to be cool’, y aunque en cierto momento el concierto pudo hacer aguas por apostar excesivamente por canciones de su último y discutible disco ‘Ti amo’, el cierre con ‘1901’ confirmó lo que ya sabíamos: un concierto de Phoenix es sinónimo de un directo y un show de altísimo nivel. 

Y vuelta al escenario Jagermusic. Como si de un imán se tratase, un número remarcable de gente acudiría a ver a los catalanes Mujeres, que finalmente consiguieron llegar tras el percance comentado. Ya es sabido que el trío catalán es, seguramente, el máximo exponente del garage de nuestro país. Presentaban su último trabajo, ‘Un sentimiento importante’, íntegramente en castellano, y con el cual comenzarían el set, pero en rasgos generales, el concierto estuvo marcado por la sucesión de hits que sus 10 años de vida nos han dejado. ‘Aquellos ojos’,’Salvaje’, ‘Vivir sin ti’, y ese largo etcétera que culminaría con ese clásico de moda en el garage y el punk: la pionera ‘Demoler’ de los Saicos, que nos haría echar lo poco que nos quedaba tras el pogo continuo que se formó en el escenario Jagermusic.

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Con poco tiempo para reponernos, otro directo de altísimo nivel nos esperaba en el escenario Matusalem. Los vascos Belako presentaban el oscuro ‘Render Me Numb, Trival Violence’, aunque comenzarían su set con ‘Nomad’ y ‘Fire Alarm’, contenidas en su anterior trabajo. Pese al handicap de no haber escuchado en condiciones su último trabajo (el más denso hasta la fecha), el cuarteto sin duda sabe lo que es presentar un directo enérgico y bien ejecutado, razón por la que temas como ‘Over the edge’ o ‘Lungs’ sonaron como si siempre hubieran estado ahí. Nos iríamos al camping exhaustos y con una tarea pendiente: devorar una y otra vez el último trabajo del grupo natural de  Mungi, Bizkaia.

 

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10 años no son nada, o si no, que se lo digan a Mujeres.

El pasado viernes pudimos disfrutar de un trocito del Fuzzville en Murcia, así como de la celebración de los 10 años de la banda catalana Mujeres. La Yesería era el lugar escogido para el número justo y necesario de público disfrutáramos del ahora trío barcelonés, quien presentaba además su último álbum ‘Un sentimiento importante’ (Sonido Muchacho, 2017)

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Hablar de Mujeres es hablar de los reyes del garage español hoy por hoy, y los citados 10 años y 4 álbumes lo avalan. Como tal, hicieron propio la máxima de ser enérgicos y eléctricos desde el minuto 0, abriendo su concierto con ‘Vete con él’ (debilidad personal de su último trabajo) y ‘Siempre eterno’. Si bien su último LP es el único cantado enteramente en castellano, ya nos habían demostrado que el idioma patrio les sienta mejor si cabe que el anglosajón, con temas como ‘Salvaje’, contenido en ‘Soft Gems’, su trabajo de 2010. El soberbio punteo de guitarra de esta canción dejaría además claro que Mujeres no es la sencillez que en un primer momento podríamos pensar.

Posteriormente seguirían haciéndonos bailar principalmente con los distintos cortes de ‘Un sentimiento importante’ como Ciudades y Cicatrices así como con temas antiguos como la preciosa y demoledora ‘Vivir sin ti’, que es de esas canciones que todo fan de la banda lleva grabada a fuego en la mente.  Supongo que por afirmaciones como esta que, me consta, compartimos mas de uno y mas de dos de sus seguidores, el tema homónimo decidieron dedicárnoslo a nosotros, consiguiendo crear una conexión total a encarnada por nuestros bailes y el paseo del bajista, Pol, por una de las barras del escenario de la Yesería. Seguidamente recuperaron otro de los grandes temas de su carrera (¿el mejor? ¿el más aclamado? me atrevería a decir) la certera ‘Aquellos ojos’. La primera sorpresa de la noche vino en forma de versión, de una banda hermana: el trío interpretó, a la perfección, ‘No volveré’, de Kokoshca.

Tras retomar su etapa angloparlante, anunciaban el nunca deseado pero inminente final del concierto, para el cual convocaron al pueblo para elegir entre The Velvet Underground o Los Saicos. Ganaron los primeros, pero supongo que para el ADN de los catalanes es inevitable hacer caso (al menos completamente) a lo que el público quiera. Finalmente, sonaron ‘Run Run Run’ y la tan apropiada en estas tierras ‘Demolición’. Pero con el sonido Mujeres, y con el mismo objetivo que parecen tener desde hace 10 años, hacernos bailar.

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Musicalidad, calidad y energía en la fiesta Limbo Starr con Tachenko, Alborotador Gomasio y Camellos

Desde el día de la presentación del cartel del Microsonidos 2018, que esta semana llega a su fin, teníamos claro que la fecha del pasado viernes era de las más apetecible del ciclo de sonidos. El sello Limbo Starr nos traía en bloque a las que seguramente sean 3 de sus mejores bandas: unos ya veteranos Tachenko y dos grupos más jóvenes como son Alborotador Gomasio y los noveles Camellos. Ante un 12&Medio con una corta afluencia de público los 3 grupos presentaron sus temas de manera más que notable.

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El concierto comenzó con Tachenko, ahora en formato dúo y con un set acústico, algo que no era lo más idóneo para las altas horas de la noche que la organización había elegido para el comienzo del evento. Aún así, temas como Nuestra Especialidad o Amable no dejaron de engancharnos, en parte por la musicalidad y el juego de voces marca de la casa, que en este formato se ven sin duda potenciados por a delicadeza y la presencia del silencio necesario ante un set acústico.

Como si de una línea ascendente se tratara, los siguientes en subirse al escenario eran Alborotador Gomasio, con su sonido a medio camino entre el shoegaze y el dream pop. Servidor no podía estar más feliz, pues como bien puntualizaron, el pasado viernes fue la primera vez que el grupo pisaba y actuaba en Murcia. Comenzaron con esa melodía que poco a poco se va instalando dentro de sus oyentes como es “El final de la tarde”, con el que también se abre ‘Luz y resistencia’, su último trabajo. Pero Alborotador Gomasio son energía, saturación y noise, por lo que no tardaron en soltar un primer fogonazo con “Parece que no pasa el tiempo” o sobre todo una de los últimos hits de la banda: “La reacción impotente” y ese pegadizo estribillo sobre la velocidad. También recuperarían temas de sus anteriores discos. El primero en caer, contenido en ‘Los excesos de los niños’ (2015) fue la popie “Espíritus helados”, que vendría seguida de “En mi no hay calma” una perfecta y pegadiza canción de su primer trabajo que siempre nos recordará al que sería su homólogo americano, los neoyorquinos The Pains of Being Pure at Heart. Aunque nos doliera no poder disfrutar en directo de temas como “Contra el suelo”, a los madrileños les tocaba promocionar su ‘Luz y resistencia’, razón por la cual echarían el resto con los temas que conforman dicho disco, que tocaron íntegramente exceptuando un corte. Sin duda, el cierre con el single “Agosto, bailando el caos” y su “Madrid nos va a enterrar” seguida de “Rodeados” dejó claro la calidad musical del cuarteto, atrapados en el underground ante la minusvaloración del gran público y parte de la prensa. 

Reticentes ante la tardía hora de su concierto pero con la misma actitud que desprenden sus letras y melodías, Camellos se subían al escenario y nos soltaban uno de sus temas más gamberros: “Ejecutivo estresado”. Supieron trasladar al directo su ‘Embajadores’ (Limbo Starr 2017) de manera  ideal. Un disco de 15 canciones condensadas en menos de 40 minutos no podía ser sino un concierto lleno de fogonazos. Y eso fueron “Gilipollas”, “Siempre Saludaba” o su último single “Avances”, que condensa sin duda alguna el hipnotizante sonido de Camellos, basado en bajo y batería pesados que nos obligaron a bailar desde el minuto 1. Poco más que decir de un concierto que no fue sino divertido para todos los asistentes, incluido el grupo, que no pudo hacer frente a las tan cargadas copas que cambiaron por una camiseta. La rapidez y concisión de ‘Panto-Ha’ o la musicalidad de “Geografía” o “Puedes contar conmigo” es algo que hay que ver en directo para alegrar alma y cuerpo, así que no hubo duda: Murcia no sabe lo que se perdió en el 12&Medio, pese a poder pecar de linealidad, un concierto de Camellos es sinónimo de un buen rato. Ah!, y no podía faltar ese “Perro verde de Marea” de los madrileños: la genial “Becaria”, (pre)cierre del concierto.

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Primer año después de Leonard Cohen

Todo hogar tiene su Santísima Trinidad. A veces se limita básicamente a la representación cristiana, pero en mi casa la Santísima Trinidad imperante tenía forma de cantautores. A veces parecía crecer y convertirse en una especie de jinetes del apocalipsis musical. O mejor dicho, de jinetes del deleite musical. Hablo de 3 (o 4) personalidades cuyo nombre no puedes mancillar en mi presencia: David Bowie, Leonard Cohen, Tom Waits y, (ligeramente) en menor medida, Lou Reed. El segundo de ellos, natural de Canadá nos dejó hace exactamente hoy un año, y como sabréis si sois habituales lectores de este blog, está siempre presente con nosotros. Por eso, y tal vez fruto de la melancolía y el gris imperante en mi persona esta noche (y estos días), he decidido regalaros esta reflexión.

Es fácil escribir de un artista como el canadiense cuando todo el mundo lo ha hecho ya, razón por la cual dudo que aporte algo nuevo a sus más fieles seguidores más allá de las palabras más personales de un compañero fan. Hablar de Leonard Cohen es hablar de música, obviamente, pero es hablar de literatura hecha música. De poesía cantada. Y de humanidad. En mi pared, entre otras muchas cosas, reside el Trampantojo realizado por Max en el Babelia de El País a raíz de las declaraciones del canadiense con respecto a que Bob Dylan fuera ganador del Premio Nobel de literatura. En ellas dejaba claro que su calidad humana llegaba a rincones insospechados. Perfectamente ese Nobel podría haber sido para él. Pero no lo fue. Fue para el genio americano que él mismo había introducido en ciertos y selectos círculos. Por eso para Cohen el premio era poco más que una obviedad. Y como dice Max, el mundo dijo: “Cohen, tío, eres el más grande”. O al menos, lo pensó.

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Cohen podría haberse llevado ese premio, y las pruebas de ello me sobran y creo que no  caben en la balda de mi estantería. Hablo de todas las creaciones que a lo largo de sus 73 años de vida nos regaló Leonard Cohen. Si bien es cierto que comencé a escucharle con uso de razón tras el lanzamiento de su ’Old Ideas’ (Sony, 2012), años antes me cautivaría la letra de ese ’Take this Waltz’, versión del Pequeño Vals Vienés de Federico García Lorca. Desde entonces, para mí Cohen siempre sería el perfecto cantautor. No tardaría en hacer casi míos los poemarios del canadiense presentes en mi casa y en hacer crecer esa colección. “Comparemos mitologías”, “Canciones y nuevos poemas” o “El libro del anhelo” son parte de esas pruebas anteriormente comentadas que forman parte del relicario de mi hogar.

Pero lo que en este espacio importa es la música. Y en este caso voy a comenzar poniendo la lupa en el último de ellos. ’You Want It Darker’ si se analiza un poco tiene algo de premonitorio, y no solo por el hecho de ver la luz poco más de 2 semanas antes del fallecimiento del artista. Por un lado la instrumentación siempre se muestra leve, oscura, como de una luz que se apaga, y esto no hace sino potenciar las siempre certeras letras de Cohen. Letras que en el caso de “Leaving the Table” reafirman esa idea de premonición. La cuestión es que el canadiense quiso dejar atado todo, y en el álbum vuelve incluso a regalarnos letras sobre ese tema universal que es el amor… y lo hace igual de claro y soberbio que siempre, pero está vez desde la óptica retrospectiva. Un ejemplo de ello es este “If I Didn’t Have Your Love” que me veo obligado a compartir.

And if no leaves were on the tree
And no water in the sea
And the break of day
Had nothing to reveal
That’s how broken I would be
What my life would seem to me
If I didn’t have your love

Y es que si algo sabía Leonard Cohen era cantarle o escribirle a la amada. Y es por eso que todo el mundo debe escuchar y leer al cantante canadiense. Porque todo el mundo tiene a su ’Suzanne’ particular, todo el mundo se ha presentado como un extraño alguna vez o ha tenido un abrigo medianamente famoso pero no necesariamente azul. Todos, quien escribe estas líneas el primero, hemos sentido la necesidad de dejarle claro a alguien eso de que ’I’m your man’ o pedir lo de ’Dance me to the end of love’.